Las mujeres tienden a contraer infecciones urinarias con más frecuencia que los hombres, debido a que su uretra es más corta y está más cercana al ano. Además, la menopausia, la presión en la vejiga durante el embarazo y el uso de un diafragma también aumentan el riesgo de coger infecciones.
La cistitis es una infección en el tracto urinario que se produce por la penetración de bacterias a la uretra o vejiga provocando la irritación e inflamación de estas zonas. Normalmente, es la bacteria Escherichia coli la que provoca la infección. Pero, por lo general, las pocas bacterias que puedan introducirse son eliminadas por la orina.
Existen una serie de síntomas que revelan la presencia de cistitis y ante los cuales se deben tomar medidas inmediatamente. El dolor al miccionar, el aumento de la frecuencia, la disminución de intensidad, el cambio de color en la orina o la presencia de sangre son los síntomas más típicos. Además, también puede aparecer fiebre, un fuerte dolor abdominal e incomodad durante el acto sexual.
A pesar de que los síntomas son casi idénticos entre todas las personas que sufren infección urinaria, no todas las cistitis son iguales ni tienen la misma gravedad. Así que se clasifican en cuatro tipos diferentes.
La cistitis ocasional es aquella de tipo pasajero y cuyos efectos se pueden pasar en un par de días con el tratamiento adecuado. Una mala higiene en un momento determinado y haber mantenido la zona húmeda durante un tiempo prolongado son las causas de este primer tipo.
En cambio, cuando la infección aparece dos veces en seis meses o tres en un año se le llama de tipo recurrente. En este caso es necesario hacer pruebas médicas para descartar cualquier tipo de problema físico.
Cuando existe una inflamación crónica se habla de cistitis intersticial (CI). En este caso no se trata de una infección mediante bacterias, así que no se sigue la terapia tradicional de antibióticos. Pero eso mismo y por la difícil aplicación de un tratamiento, la intersticial es la infección urinaria más grave.
El último tipo es el llamado “luna de miel”. Esta cistitis se da justo después de mantener relaciones sexuales, de ahí el nombre popular. Acostumbra a durar dos o tres días, pero es necesario acudir a un especialista ya que podría tratarse de una enfermedad de transmisión sexual causada por la bacteria clamidia trachomatis.