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Cuando llegan estas fechas del año, todos estamos deseando que salgan los primeros rayos de sol para sacar nuestros bañadores y bikinis y empezar a broncear nuestra piel. Pero, ¡ojo! Primero debemos prepararnos para la exposición. Después del largo invierno es necesario tomar algunas precauciones respecto de nuestra piel para que no sufra en exceso.

El primer paso para que la piel esté perfecta es exfoliarla. Debemos limpiarla a fondo y eliminar todas las impurezas que tiene. Lo cierto es que, durante el invierno, porque hace mucho frío, porque no la mostramos o porque no nos apetece, no tratamos la piel como debemos. La solemos descuidar, no nos hidratamos, etc. Por eso, ahora es el momento de limpiarla a fondo y de eliminar las células muertas.

Podemos comprarnos un exfoliante o hacernos el nuestro de manera casera, con productos como azúcar moreno combinado con miel, sal gruesa y aceite de oliva o café molido. Cuando tengamos el exfoliante preparado hay que meterse a la ducha con agua tibia para que el vapor abra de manera correcta los poros. Una vez tengamos la piel húmeda, aplicamos la mascarilla por todo el cuerpo y frotamos bien para que llegue a todas las partes. Después nos enjuagamos con agua fría para no dejar ningún resto y ayudar a que los poros se cierren.

Superado el paso de la exfoliación, será esencial hidratarnos bien la piel de nuestro cuerpo. Debes elegir siempre un crema o gel hidratante que calme tu piel después de la exfoliación y que, además, suavice e hidrate todo el cuerpo regenerando los tejidos. Por supuesto, utiliza una crema diferente para el cuerpo y otra para la cara, ya que el rostro siempre necesita de unos cuidados específicos. También existen productos como el sérum que nos ayuda a preparar nuestra piel para la exposición solar.

Todo este proceso no terminará de ser perfecto si no le añadimos una alimentación adecuada. Está bien cuidar el exterior de la piel, pero es tan importante eso como cuidar lo que comemos y lo que bebemos. En este caso, para preparar nuestra piel debemos acudir a vegetales frescos y proteína vegetal. También nos servirán alimentos ricos en carbono como zanahorias, tomates o melones. Estos estimulan la síntesis de melanina y ayudan a adquirir un bronceado más perfecto. Buenos serán también los alimentos ricos en vitamina C, en ácidos grasos esenciales Omega 3 y aquellos que tienen propiedades desintoxicantes (alimentos blancos como la cebolla o el puerro). Y, por supuesto, no podemos olvidar consumir entre un litro y medio y dos litros de agua diarios. Necesitamos hidratar nuestro cuerpo para que esto se refleje en la piel.

Por último, es recomendable acercarse al sol poco a poco. Ve saliendo a tomar al sol algunos minutos al día para que la exposición no sea total de la noche a la mañana. Por ejemplo, en vez de comer en la oficina o en casa, sal al parque. Así tu piel podrá ir acostumbrándose a los rayos solares. ¡Eso sí! No olvides tu protección solar. Será esencial para resguardar tu piel y poder lucir un bronceado perfecto todo el verano.