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El síndrome del niño zarandeado se trata de un síndrome realmente desconocido y, sin embargo, según datos de la Asociación Española de Pediatría (AEP), lo sufren unos 100 bebés de los 450.000 que nacen cada año (datos de 2014). Este síndrome, llamado del niño sacudido o zarandeado, es un conjunto de lesiones cerebrales que se producen cuando a un niño se le agita de manera brusca.

Lo que ocurre es que la cabeza de los bebés es, en proporción, mucho mayor respecto a su cuerpo que la del resto de personas. En realidad, la cabeza de una persona en sus primeros meses de vida puede suponer casi el 25% del cuerpo, con el gran problema de que los músculos que la sujetan, los del cuello, son débiles y aún no están formados, como también ocurre con el cerebro. Es por esto que, si observamos a muchos bebés, vemos cómo se les vence la cabecita. Aún no tienen la fuerza suficiente para poder sujetarla.

El síndrome del niño sacudido puede ocurrir hasta los cinco años de edad, pero suele darse durante los primeros 2 o 3 meses de vida. Cuando zarandeamos a un bebé, bien jugando o bien para calmarle porque tiene un llanto muy fuerte, lo que provocamos es que el cerebro golpee con las paredes del cráneo produciendo, desde una inflamación o sangrado en el cerebro y sus envolturas hasta lesiones en la médula espinal a nivel del cuello.

Normalmente, cuando se ha producido la lesión el niño deja repentinamente de llorar (si lo estaba haciendo). Es cierto que, en los casos más moderados, podrá parecer que el bebé no ha sufrido daños, pero a la larga podrá mostrar problemas de salud o desarrollo. En los casos más graves los síntomas podrás ser desde problemas respiratorios hasta irritabilidad, vómitos, parálisis, etc.

En cuanto a las consecuencias, cabe destacar que pueden ser de diferentes tipos: ceguera parcial o total hasta sordera, discapacidad mental o retraso en el aprendizaje. En los casos más graves, las consecuencias pueden ser irreversibles, llegándose a producir la muerte del bebé. De hecho, según los datos de la AEP, uno de cada 10 niños que lo sufre, fallece como consecuencia de este síndrome.

La información y la prevención son fundamentales para evitar que sigan sucediéndose casos de bebés afectados con el síndrome del zarandeo. Y es que, a pesar de la relativa frecuencia con la que ocurre, es cierto que a los padres se les da muy poca o ninguna información sobre el mismo. En cualquier caso, es fundamental no perder los nervios cuando los bebés estén llorando o muy irritables. Y, sin duda, antes de zarandearlos, siempre será mejor asumir que, en algún momento, el llanto desaparecerá. Y que, con el tiempo, esa conducta tenderá a mejorar con un esfuerzo tanto por nuestra parte como por la de nuestro bebé.