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Los padres, antes la llegada del invierno y la bajada de temperatura, se preguntan cómo evitar que sus hijos sufran las enfermedades más frecuentes que afectan principalmente a las vías respiratorias como la gripe, bronquitis, faringistis, resfriados, etc.

El frío hace que los niños enfermen con más frecuencia y muchos padres optan por no salir a la calle con ellos. Pero esta tampoco es la mejor solución, ya que aunque los niños son vulnerables al frío, también lo son si están en contacto con otros niños por ejemplo (colegios).

Siempre se piensa que es el frío el responsable de las enfermedades respiratorias, pero en realidad no es el único culpable. Estos son algunos motivos:

  • Cambios bruscos de temperatura sin abrigarse correctamente.
  • Los niños menores de 7 años son más vulnerables a los cambios de clima y tienen más riesgo de contraer infecciones, debido a que suelen tener una respiración más bucal que nasal.
  • El frío provoca que las barreras naturales de defensa de la nariz (cilios y mucosas nasales) pierdan su eficacia y permitan el paso de más microorganismos dentro del organismo y no calienten suficientemente el aire que debe llegar a los pulmones.
  • Ciertos virus, como el de la gripe, se cubren de una capa resistente que los protege del frío y les permite seguir infectando otras personas.
  • La “contaminación” del hogar por falta de ventilación o permanecer en lugares cerrados en contacto con otros niños facilita el contagio de los virus.

También es importante que mantengamos y fortalezcamos durante estos meses una alimentación sana y equilibrada en nuestros hijos. El cuerpo necesita muchas substancias (proteínas, hidratos, minerales, vitaminas, fibra y grasas) para funcionar sanamente y, por supuesto, una buena nutrición ayudará a resistir mejor los contagios.

Verduras crudas y cocidas, fruta, cereales preferentemente integrales y legumbres son la base de un alimentación completa y equilibrada que hará de los niños personas más sanas.

Mejor evitar los dulces, zumos, batidos, bollos y chucherías y snaks, tanto por el exceso de azúcar o sal como por las grasas de mala calidad. Si queremos reforzar las defensas de los niños no abusemos de estos productos. Nada es mejor que lo natural, por muy "enriquecido" que venga de fábrica.