ShinrinYoku, salud, sentidos, bienestar

Inspirada en la tradición budista, el ShinrinYoku o baño de bosque es una técnica nacida en Japón en la década de 1980 con el fin de poner en valor sus bosques y mitigar el estrés y la ansiedad fruto de los nuevos modos de vida.

Esta práctica consiste en algo aparentemente tan sencillo como dar paseos por el entorno natural de forma consciente. Se trata de un ejercicio de inmersión sensorial a través de la toma de conciencia de cada uno de los cinco sentidos mientras recorremos un bosque o atravesamos un campo de trigo.

Cualquier lugar al aire libre, apartado de la ciudad, es bueno. Ahora que el otoño resiste perenne a la llegada de las primeras lluvias, es un buen momento para asomarse a la viveza arbolada de los colores, a las texturas dibujadas por la permeabilidad de la tierra y a la dureza del frío sin matices.

Todo lo que hay que hacer es agudizar los sentidos y volcar la atención en el paisaje para disfrutar de los estímulos.

 

¿Cuáles son sus beneficios?
A lo largo de la historia, numerosos estudios han demostrado los beneficios de realizar actividades en contacto con la naturaleza. Además de disminuir la presión arterial, se sabe que el ShinrinYoku propicia la disminución de los niveles de cortisol, hormona responsable del estrés. Una dosis de desconexión tecnológica y de todas nuestras preocupaciones del día a día mejora la creatividad, el sueño y la concentración. En definitiva, el ShinrinYoku aumenta la sensación de bienestar y la capacidad sensitiva.

 

El imaginario natural
Tras un día de campo, la bruma, el verde y el sabor de los frutos de temporada se suman a la recámara de nuestro imaginario natural para conformar un recurso de sosiego del que podremos echar mano antes de ir a dormir para relajarnos e inducir un sueño profundo y placentero.

 

De casa al trabajo, del trabajo a casa
Aunque lo ideal es poder sacar tiempo para hacer pequeñas escapadas con frecuencia, no siempre nos es posible preparar una excursión, coger la mochila y hacer kilómetros para extender el mantel de picnic a la orilla del río.

El paseo de los cinco sentidos puede adaptarse a la ciudad. Dado que sus beneficios no solamente provienen del poder de la naturaleza, sino también del ejercicio de activación de la capacidad sensorial, buscar los resquicios naturales de la urbe en los trayectos de nuestra rutina diaria puede servirnos para experimentar los mismos efectos… porque el viento sopla y el agua suena.