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El alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta mayoritariamente a personas mayores de 65 años, produciendo un deterioro cognitivo y trastornos en la conducta y pérdida de memoria. Actualmente es una enfermedad que no tiene cura, por lo que muchas investigaciones tratan de encontrar formas de ralentizar el deterioro y atrás en el tiempo la pérdida de conexión entre las neuronas del cerebro.

Aunque no se ha estudiado directamente sobre el Alzheimer, se ha podido averiguar mediante pruebas electrofisiológicas, que el ejercicio físico protege la comunicación entre las neuronas, lo que se conoce como sinapsis. Los resultados que se obtuvieron fueron que el ejercicio físico tiene un efecto beneficioso sobre la corteza cerebral, que es la responsable del procesamiento de la información, incluyendo el lenguaje y la comprensión.

Una de las causas del Alzheimer es la aparición de cuerpos granulares sobre las estructuras neuronales, produciendo la muerte celular y por tanto la pérdida del tejido nervioso. Otro punto a favor del ejercicio físico respecto a esta enfermedad es la producción de sustancias químicas que protegen las conexiones neuronales. Y no sólo si se padece Alzheimer, si no por el propio paso del tiempo y el envejecimiento se produce una reducción natural de las conexiones neuronales, que el ejercicio físico puede contrarrestar.

Al margen de la enfermedad degenerativa, el ejercicio físico tiene grandes beneficios sobre la salud mental y es por eso que se están llevando a cabo numerosos estudios relacionados con ello. Uno de estos beneficios es que el ejercicio produce una mejor circulación sanguínea, por lo que las neuronas mejoran sus procesos celulares y la conexión entre unas y otras.

Además, el ejercicio físico es muy recomendable para reducir el estrés oxidativo que se genera en nuestro cerebro a causa de la ansiedad, estrés y otro patrones de la conducta, por lo que se relaciona directamente con mejoras a nivel cognitivo.