alimentación, bienestar, salud, nutrición

Si la dieta mediterránea es considerada una de las dietas más saludables y equilibradas del mundo, es gracias a que el aceite de oliva es un gran pilar en este estilo de alimentación. Se le atribuyen numerosos beneficios para la salud como la prevención de enfermedades. Además de aportar un buen sabor a los platos que se elaboran con él, numerosos estudios muestran que el consumo diario de aceite de oliva previene varios tipos de cáncer.

El aceite de oliva contiene grasas de calidad que ayudan a perder peso. Además, no se nos puede olvidar que consumir grasas sanas es beneficioso a la hora de quemar calorías. También mejora la salud de la piel ya que contiene agentes antienvejecimiento, ayuda a combatir la osteoporosis y otros daños de la piel. Y para tener una piel bien hidratada, tanto por la ingesta como su la aplicación directa en la piel ayudará a su buen mantenimiento.

Entre muchos nutrientes, el aceite de oliva contiene polifenoles, que son compuestos bioactivos que son antioxidantes y antiinflamatorios. Estudios han demostrado que, gracias a moléculas como ésta, se potencia el nacimiento de nuevas neuronas. Además, las grasas forman parte de las membranas celulares y del tejido cerebral, por lo que las personas que consumen este tipo de grasas gozan de mejor memoria y funciones cognitivas.

Protege al cuerpo del colesterol malo o LDL, ya que el aceite de oliva contiene fitoesteroles que aumentan el HDL o colesterol bueno, por lo que ayuda a balancear los niveles de colesterol, reduciendo la probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Mejora la salud del aparato digestivo, ya que actúa como protector contra los ácidos del estómago aumentando el pH. Además, favorece la absorción de calcio y magnesio. Gracias a sus propiedades bacterianas es particularmente eficaz contra Helicobacter pylori, una bacteria que puede provocar úlceras en el estómago.